CÓMO SABER SI OS ESTÁIS CONVIRTIENDO EN PAREJA


¿Qué marca la diferencia entre ser pareja o no serlo, en una relación sexoafectiva?

Para muchas de las personas que hemos decidido no volver a formar pareja, esta pregunta es tan importante como difícil de contestar.

Ya sea tras conocer el marco teórico de la Agamia - único modelo relacional que propone la renuncia a la pareja -, o tras llegar a la elección personal de la soltería radical, lo que sabemos es que estamos eligiendo un estilo de vida muy diferente al que tendríamos en pareja.

Se trata de eso, de elegir una Vida determinada que sería incompatible con añadir a ella una relación de pareja, algo que no ocurre al añadir una nueva relación de amistad o una nueva relación profesional, por poner dos ejemplos. Digamos que vivir en pareja es notablemente diferente a vivir en soltería, por lo que pasar de un estado a otro te cambia la vida. Para nosotras, las personas sin pareja por convicción, esta Vida nos resulta más saludable, emancipatoria, enriquecedora o simplemente, más satisfactoria. 

El problema viene al desarrollar relaciones sexoafectivas a partir de cierto grado de intimidad, cotidianidad o apego, donde la línea entre estar convirtiéndonos o no en pareja se difumina y se torna confusa. Y puede que esa persona sea muy importante y valiosa, y que la relación sea placentera, pero pese a ello, tenemos claro que no nos compensará convertirnos en pareja.  No queremos renunciar a esa persona, pero ni mucho menos queremos renunciar a "nuestra vida".

Es importante distinguir cuándo una relación está traspasando la linea, sobretodo para evitar imponer un distanciamiento innecesario sólo como protección ante la supuesta "amenaza de pareja", en una relación perfectamente saludable y que merece la pena. Por ello, voy a intentar explicar un criterio al que someter nuestras relaciones y que nos dará buenas pistas sobre el punto en el que se encuentran.

Por poner algunos ejemplos, que seamos pareja no lo determina el que pasemos mucho tiempo juntas/os, pues hay quienes viven en distintas ciudades, sólo se ven dos findes al mes y forman una pareja de libro. Tampoco lo determina que compartamos momentos con las respectivas familias, así como hay parejas que no se han presentado a las familias. Y tampoco lo determina el acordar exclusividad en algún aspecto concreto, como prescindir del preservativo en las relaciones sexuales.

Podemos empezar a considerar que nuestra relación sexoafectiva es "de pareja" cuando la propia relación - ojo, no la otra persona -, condiciona todas nuestras decisiones individuales que le puedan afectar. Lo he dicho otras veces: las personas no deberían estar al servicio de una relación, sino las relaciones al servicio de las personas que las forman.
La relación se considera un ente propio y separado de cada una de las dos personas que la crean. Aunque no seamos conscientes, la tratamos como tal y damos por hecho que las dos personas tenemos que hacer ciertas cosas "por el bien de la relación".

Si yo rechazo un plan que me mola mucho porque hoy "toca" quedar con la persona con la que tengo la relación sexoafectiva, si yo no adopto un gatito porque la otra tiene un perro muy territorial y eso complicaría nuestra posible convivencia futura, si yo no cambio a un trabajo que me encanta porque los horarios son incompatibles con los horarios de ella, si yo no me voy de viaje con gente con la que me apetece porque sólo me puedo permitir uno al año y claro, no voy a dejar sin vacaciones conjuntas a la otra -y sin la foto de rigor para el Insta-, si yooo... Entonces estoy condicionando mi vida al mantenimiento de la relación y dándole prioridad, ya no sobre otras personas, sino sobre elecciones o decisiones personales.
Si cada vez que tomo un decisión que me concierne únicamente a mí, me planteo cómo va a afectar a la relación o si la puede perjudicar, podemos decir que tengo una relación de pareja, por muy no monógamas/os que seamos. 

Repito porque el matiz es importante. Estoy hablando de que nos condiciona la Relación que hemos creado, no las exigencias de la otra persona -ya que en tal caso igual deberíamos dejar la relación y espero que las dudas ante ese supuesto las tengamos más que superadas-.

¿O no hemos tenido muchas/os de nosotras/os relaciones sexoafectivas en las que no nos planteábamos nada de lo anterior al tomar decisiones personales? Porque no las tratábamos como "de pareja"

¿O si te ofrecen un trabajo genial en otro país, una gran amiga y tú valoráis que lo rechaces porque os impediría continuar vuestra relación tal y como ha sido hasta ahora? Ni de coña. Llorareis por la separación, te dará la enhorabuena y a tirar de Skype.

Ejemplifico de nuevo.

Si quiero hacer un plan por mi cuenta y con quien tengo una relación sexoafectiva cae enferma/o y no tiene quien le cuide, cancelaré mi plan sin dudarlo y pasaré la noche poniendo pañitos fríos en su frente y controlando el horario de la medicación. Estoy priorizando a una persona por la que siento afecto y tiene necesidades que no puede cubrir por sí misma sobre un deseo individual. Me parece coherente y justo, y lo haré encantada de verdad. En cambio, ni se me ocurre cancelar el plan sólo porque llevamos días sin poder quedar y además la otra/o se quedará solita/o y aburrid/o en su casa echándome de menos. Primero que no se morirá de ésta, y mira, que levante el culo del sofá y empiece a construirse una vida propia en la que su entretenimiento y su bienestar no dependan de mí. ¡Por las diosas que me niego a asumir semejante responsabilidad!

Las relaciones afectivas sólidas son importantes para el desarrollo y el bienestar humano. En el caso de la no monogamia, aspiramos a construir un entorno afectivo en el que tengan cabida todas las que la vida nos brinde, cada una con sus particularidades e intensidad. Necesitamos poder disfrutarlas sin el miedo a caer en la sigilosa trampa de la pareja, ya que sería absurdo limitar voluntariamente el potencial de esas relaciones. Por eso es importante saber valorar cuándo nuestras relaciones, por muy profundas e intensas que sean, no se están convirtiendo en pareja por lo que podemos seguir igual de involucradas/os y sin sabotearlas por miedo a caer en la trampa.