Women Revolution

RENUNCIAR A LA PAREJA, UNA NECESIDAD FEMINISTA PARA TRANSFORMAR EL MUNDO.



Creo firmemente que elegir una vida sin pareja debería ser nuestra máxima aspiración como mujeres. Eso nos permitirá abrir los últimos caminos que necesitamos transitar si realmente queremos alcanzar una total igualdad de poder con los hombres en todas las esferas de la vida.

Vivimos en un mundo donde las estructuras económica, laboral, política, sexual y social, fueron creadas por los hombres y para el beneficio y mantenimiento de la supremacía de los hombres sobre las mujeres. Por ello, es imposible que, siendo mujeres, consigamos la igualdad dentro de sus propias estructuras. No es suficiente con votar, estudiar, renunciar a la maternidad, esforzarnos en desarrollar nuestra carrera laboral o incluso comportarnos como ellos, puesto que seguiremos siendo mujeres y dentro de sus estructuras seguiremos en desventaja, estampándonos con cualesquiera techos de cristal que podamos imaginar. Necesitamos algo más. Necesitamos transformar las estructuras por dentro o sustituirlas, una vez alcanzado el máximo poder que éstas nos permiten, para establecer en ellas unas condiciones que no favorezcan ni desfavorezcan intrínsecamente a un género. Para conseguir esto hace falta, a demás de unirnos como ya lo estamos haciendo por presionar desde fuera, que cada mujer proyecte su camino vital hacia el objetivo de alcanzar ese máximo grado de poder que le sea posible, hasta conseguir una masa crítica que provoque un impacto relevante y suficiente en las estructuras. Para cada una conseguir esto requiere mucha energía y mantener el foco, pero las mujeres seguimos acarreando un lastre muy pesado que nos desvía continuamente del camino: la idealización de la pareja, la aspiración al amor de pareja.


Y es independiente de la orientación sexual porque no se trata de una lucha contra los hombres sino contra la estructura patriarcal, esta que nos hace dedicar nuestra mayor, qué digo, nuestra mejor energía a la búsqueda, mantenimiento, y también superación de rupturas, de pareja. Es la estructura patriarcal junto con su machismo, la que nos mantiene enfocadas en el amor de pareja, lo que merma nuestra energía y nos desvía constantemente del foco para nuestro propio desarrollo individual dentro de un sistema que es más hostil con nosotras.

A las mujeres se nos ha inoculado desde nuestra más tierna infancia, la idea de que el amor de pareja es un objetivo prioritario y que nos dará la felicidad. Nosotras ponemos a la pareja en el centro de nuestras vidas, pensado ingénuamente que compartiendo proyecto vital entre dos personas, formando un equipo de vida, será más fácil para ambas alcanzar el resto de objetivos y obtener una mayor satisfacción vital. Por ello nutrir, cuidar y mejorar nuestra pareja se convierte en nuestra prioridad. 

Para ellos las prioridades son otras. Son alcanzar el éxito social, económico y laboral para lo que usan la pareja como un accesorio en sus vidas, como refugio que les recargue de energía durante sus descansos y así poder continuar después la lucha por sus anheladas conquistas, también como espacio en el que recuperar su masculinidad sometiendo a su mujer cuando fuera se sienten fracasados e inferiores y, en el mejor de los casos, para tener a alguien con quien compartir "sus" triunfos o exhibirla como un trofeo y evitar su tan temida soledad. Y ahí encuentran a una mujer empeñada en que su pareja funcione, dispuesta a dejar para después -acaba siendo para siempre- sus propias conquistas en el mundo exterior. Así está siendo muy difícil alcanzar la igualdad real por la que tanto estamos luchando. Muy difícil también que cada mujer consiga desarrollarse lo suficiente en otras facetas de su vida como para que su sensación de realización y éxito vital no sean dependientes del éxito de la pareja.


¿Y si, desde niñas, nunca hubiéramos soñado con el príncipe azul? ¿Y si nunca hubiéramos querido encontrar novio o novia? 

¿Y si nunca nos hubiéramos parado a imaginar un futuro deseable en pareja? ¿Cuáles habrían sido nuestros sueños? ¿Cuáles nuestros objetivos vitales desde la adolescencia? 

¿En qué habríamos encontrado la realización y los subidones internos? ¿Hasta donde habríamos llegado?

Como dijo Kate Miller: El amor ha sido el opio de las mujeres. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban.

Es por todo esto que sin pareja llegarás más lejos así que, ha llegado el momento de revolucionar nuestros mantras.